Un amor sofocado por la guerra. «Le petit soldat», de Jean-Luc Godard

Entre 1954 y 1962 se desarrolló la Guerra de independencia de Argelia. Durante los seis años que duró el conflicto en donde los africanos buscaban liberarse de los franceses, el Frente de Liberación Nacional (FNL / Front de Libération Nationale) encabezó la lucha y ganó una enorme importancia para los argelinos, convirtiéndose durante los treinta años posteriores al reconocimiento de la independencia en el único partido político que gobernó Argelia. En contra de la independencia, algunos argelinos conservadores y muchos franceses opositores a que una más de sus colonias se separara, hicieron fuertes intentos para apagar el movimiento liderado por el FNL, formando la Organización del Ejército Secreto (OAS / Organisation de l’Armée Secrète), grupo que se distinguió por sus actos radicales en contra de los independentistas y simpatizantes del FNL.

Le petit soldat (El soldadito) es el segundo largometraje dirigido por Jean-Luc Godard, recurriendo nuevamente a la temática policiaca luego del éxito obtenido con su ópera prima À bout de soufflé, pero sumando un fuerte matiz político a su filme que le valió la censura de tres años, siendo que estaba lista para ser proyectada en 1960, pero vio la luz hasta 1963, un año después a los acuerdos de Evián que terminaron con el conflicto entre Francia y Argelia.

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La película está ambientada en 1958 y tiene como protagonista a Bruno Forestier, un desertor del ejército francés que se refugia en Ginebra, Suiza, lugar en donde es reclutado por un grupo que está en contra del FNL y la independencia de Argelia. La primera tarea para Bruno es asesinar a un personaje importante del FNL, imperativo que lo hunde en un gran dilema ético propio del iusnaturalismo, cuestionándose si los derechos a la vida y a la libertad son para todos por igual o no lo son para aquellos que atentan contra los citados derechos poniendo en peligro a la sociedad.

A la par de sus reflexiones Bruno conoce a Verónica Dreyer, una joven mujer de la que queda enamorado en cuestión de minutos. Sus apacibles dudas se tornan inquietas ante la presión de sus jefes exigiéndole consumar el asesinato y el anhelo por salir de Suiza y huir a Brasil junto con Verónica; él se muestra nervioso e impaciente, ella a veces es cercana y en otras distante, proyectando un constante misterio que atrapa al protagonista.

Le petit soldat es la primera película que Jean-Luc Godard filmó con Anna Karina -quien interpreta a la protagonista Verónica Dreyer-, actriz que es en la actualidad un importante referente de la Nouvelle Vague, gracias a sus numerosos trabajos en la década de los sesenta junto a Godard como Une femme est une femme (1961), Vivre sa vie (1962), Bande à part (1964), entre otros, y con el director Jacques Rivette, alcanzando una fama que la impulsó al cine italiano en donde participó en la adaptación de grandes obras de la literatura, como El extranjero (1967) dirigida por Luchino Visconti y La invención de Morel (1974) bajo la dirección de Emidio Greco.

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Raoul Coutard, encargado de la fotografía, se convierte también en un habitual de Godard, siendo reconocido con una mención dentro del filme y realizando un excelente trabajo mostrando numerosos primeros planos que serán usuales en las siguientes películas dirigidas por Godard y con Anna Karina como protagonista. En Le petit soldat, el personaje principal Bruno Forestier -interpretado por Michel Subor- se toma unos minutos para tener una sesión fotográfica con su enamorada, también en sus monólogos dedica reverencias a la fotografía como base del cine, diciendo una de las frases más recordadas del filme: “la fotografía es la verdad, el cine es la verdad 24 veces por segundo”.

La crítica política que toma la batuta en Le petit soldat, es una crítica contra la violencia; el guion cuida en todo momento no tomar partida por algún bando, hablando de las atrocidades que tanto argelinos como franceses son capaces de llevar a cabo en una guerra, la deshonestidad e invasión de la privacidad del espionaje, la hipocresía de los miembros de un mismo bando, entre otras pérfidas actividades. Haciendo contraste con lo sombrío de la guerra, los monólogos de la narración mencionan a artistas como Stanislavski, Paul Klee, Diego Velázquez, Renoir, Bach, Beethoven y Haydn.

Los pensamientos caóticos de Bruno también encuentran un espacio para reflexionar sobre el teatro y la actuación en una conversación que tiene con Verónica -cuando ella le platica que su hermano estudia con Stanislavski. Bruno detesta a los actores porque hacen lo que el director les pide, ya sea reír, llorar, andar en cuatro patas o ser un árbol, concluyendo que no son libres. Para Verónica la reflexión de Bruno es errada, igual que su posicionamiento político que busca la neutralidad al despreciar cualquier bando; ella cree por igual en la libertad que posibilita cualquier expresión artística y en la necesidad de tener ideales y huir de la apatía política. A pesar de sus diferencias, la pareja se enamora, pero Bruno esta inmerso en un conflicto que lo hunde en dolores físicos y dilemas éticos, poniendo siempre en un punto frágil la relación.

Le petit soldat, recomendable película en la que Jean-Luc Godard comienza a darle forma al cine que durante los sesenta logrará llevarlo a las alturas de la cinematografía mundial, en donde se fusiona una estética provocadora y experimental, junto a saturadas referencias al arte y recurrentes críticas políticas.

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Título: Le Petit Soldat
Director: Jean-Luc Godard
Año: 1963
Guion: Jean-Luc Godard
Fotografía: Raoul Coutard
País: Francia

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Cartas desde el corazón. «Nada más», de Juan Carlos Cremata Malberti

El primer largometraje del cineasta cubano Juan Carlos Cremata Malberti es un cuento de amor y soledad. Dibujado principalmente en blanco y negro, pero con recurrentes colores alegres en los objetos haciendo un animado contraste, lo mismo que las frecuentes animaciones tipo cómic que apoyan los momentos burlescos de la historia, el filme logra mantener una estética pintoresca que no tiene mesura para exagerar lo caricaturesco de las situaciones y de sus personajes.

La protagonista es Carla, una empleada de la Oficina de Correos que soporta la soledad con la esperanza de emigrar a Estados Unidos de América junto a sus padres, quienes viven en Miami y la han inscrito en una lotería para obtener Visa y residencia. Guiada por una tenue tristeza y la cansada espera de la carta de sus padres, comienza a jugar con las cartas que pasan por sus manos; primero se atreve a leerlas, después a responderlas con la intención de impactar de la mejor manera a los destinatarios con su mensaje. Su compañero de trabajo, el alegre mensajero César, se convierte en su amigo y al no reportarla decide ser su cómplice, a pesar de desaprobar su conducta.

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Cunda, la estricta administradora de la Oficina de Correos, es la principal antagonista, una amargada mujer que no deja de observar a la pareja de jóvenes que gradualmente comienza a enamorarse. Cunda es una jefa asfixiante y refleja lo rígido de algunas oficinas en donde la burocracia busca la excelencia en los altos números de productividad y el inflexible apego a los protocolos, pasando por encima de la felicidad de los empleados y clientes. El mensajero César se convierte en el abanderado de todos aquellos que han logrado navegar cómodamente en las rigurosas oficinas, encontrando un escape en un dispositivo portátil de audio; Carla en la soñadora que cumple con su labor mientras fantasea con otro mundo, descubriendo en las cartas que roba y responde múltiples caminos para asumirse como otra persona, pero hallando en César y su amor un punto para regresar a la realidad.

El tránsito emocional de Carla se refleja en las cartas que redacta. Cuando su andar es pesaroso provoca reacciones similares, a pesar de que sus intenciones sean generar felicidad. Sin embargo, cuando se encuentra enamorada cada palabra escrita resulta un guiño de amor y alegría para los lectores. La película en todo momento destaca que se ambienta en Cuba y es también la divergencia entre Carla y César lo que evidencia las dos conocidas posturas que algunos cubanos tienen respecto a su país; ella anhela salir de Cuba y triunfar en Norteamérica, él ama a su Cuba y si ha de hacer algo bueno, será para transformar a su país.

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El filme busca incesantemente momentos cómicos, las actuaciones son aparatosas para apoyar cada parte del guión que apunta a la sátira. Las cartas escritas acompañadas por su lectura generan un ambiente poético que en ningún momento desentona con la desorbitada comedia y la atrevida lluvia de colores que baña a la fotografía en blanco y negro. La mezcla de diversos elementos tanto en las actuaciones, como en el guión y la fotografía, son lo que dota de frescura y agilidad al filme de Cremata. Entretenida de inicio a fin, Nada+ es un relato de amor en donde las cartas escritas desde el corazón marcan el índice de la historia.

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Título: Nada+ (Nada Más)
Director: Juan Carlos Cremata Malberti
Año: 2001
Guión: Juan Carlos Cremata Malberti; Manuel A. Rodríguez
Fotografía: Raúl Rodríguez Cabrera
País: Cuba

Erotismo bajo luces de neón. «Ultra Pulpe», de Bertrand Mandico

Un cortometraje imbuido con luces de neón. Un trabajo en donde se muestra el cine dentro del cine; en un set de películas la directora Joy rueda un filme post-apocalíptico con una estética altamente colorida, conforme avanza la filmación y se acerca a su fin, se siente más lejos de su musa, la actriz Apocalypse, no obstante, lo que ella le inspira aunado a todo el equipo encendido, los escenarios con tintes extraterrestres y un erotismo que pulsa en cada caracterización de sus personajes, servirán de pretexto para que se inventen nuevas historias.

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La experimentada actriz Elina Löwenson es la directora Joy D’Amato, personaje que hace referencia al director de cine Joe D’Amato y, al igual que el italiano, se dedica a rodar películas eróticas en donde comulgan el acercamiento a la pornografía, la fantasía extraterrestre y el terror más extravagante, con personajes que parecen tomados de los estilos Spicy and Saucy y Weird Fiction de la literatura Pulp. El mismo director Bertrand Mandico llama a su cortometraje Ultra Pulpe, mas no es un trabajo que se pueda encasillar sólo en referencia a este género del que toma la estética y el contenido de algunas fantasías que aluden a la necrofilia, el amor y la sexualidad entre humanos y seres de distintos planetas; la narrativa de Mandico va más allá, rozando lo experimental al posibilitar que en el mismo set de filmación se desarrollen los trabajos de Joy, sus fantasías y su vida.

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Lo mismo sucede con Apocalypse -interpretada por Pauline Lorillard- que debe actuar y vivir, fundiéndose las dos mujeres en una apasionada realidad que tiene como soporte una serie de irreverentes fantasías cinematográficas hiladas por sus protagonistas y no por un puntual argumento. La clásica secuencia de tener un planteamiento, nudo y desenlace fue subvertida por el cine desde hace muchos años, se le atribuye al icónico Jean Luc Godard decir que, si una película ha de tener esos tres elementos, no necesariamente deben seguir el mismo orden; en la actualidad numerosos filmes juegan con la narrativa rompiendo el esquema clásico. Es lo que hace Bertrand Mandico, juega con la narrativa, experimenta con el guión, desarrolla poco a los personajes, no les reprocha los diálogos, únicamente les exige -a través de la voz de Joy- más erotismo.

Sin caer en el absurdo, los aparentes excesos -o libertades- del director Bertrand Mandico, posibilitan que Ultra Pulpe critique ligeramente una parte del mundo del cine, específicamente el que se desarrolla en el filme, no obstante, al no caer en una burda parodia, le rinde un cálido homenaje. Ultra Pulpe es un cortometraje recomendable por su provocativo estilo, por sus colores y por su excéntrico guión que enmarca el erotismo bajo las luces de neón.

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Título: Ultra Pulpe
Director: Bertrand Mandico
Año: 2018
Guión: Bertrand Mandico
Fotografía: Sylvain Verdet
País: Francia

El brillo de la música. «La vendedora de fósforos», de Alejo Moguillansky

Ganadora como Mejor Película en la Competencia Oficial Argentina del cada vez más reconocido Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), en su décimo novena edición (2017), La vendedora de fósforos es una película que toma su título del cuento homónimo de Hans Christian Andersen y experimenta con su triste historia, tal como lo intenta hacer uno de sus personajes principales al montar una ópera con el cuento como su principal motivo.

Con el reconocido músico alemán Helmut Lachenmann interpretándose a sí mismo, y la célebre pianista argentina Margarita Fernández, La vendedora de fósforos, pensado inicialmente como un documental sobre Lachenmann y la interpretación de su ópera Das Mädchen mit den Schwefelhölzern  (La vendedora de fósforos) en el Teatro Colón de Buenos Aires durante el año 2014, se convierte en un filme que cuenta la apurada situación de Marie y Walter, un matrimonio dedicado a la música que en su intento por salir de las deudas convive con los insignes músicos; ella con Margarita Fernández, y Walter con Helmut Lachenmann, empleado para sumarse al equipo que dará vida a la ópera del compositor de Stuttgart.

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Marie y Walter se encuentran en una situación complicada. Entre deudas y las peripecias del nuevo empleo de Walter, deben también organizarse para cuidar a su hija Cleo, una niña que acompaña a su madre en las visitas a la casa de la pianista Margarita Fernández. Mientras las manos virtuosas de la pianista tocan piezas de Schubert, la niña mira repetidas veces Al azar de Baltazar (Au Hasard Balthazar, 1966) de Robert Bresson, cinta tomada de la caja de películas de Margarita, en donde figura la portada de la exquisita película Cléo de 5 à 7 de Agnès Varda (1961). Con estos guiños de Moguillansky a dos clásicos del cine francés -Cleo es también el nombre del personaje interpretado por su hija en la película- y la música de Lachemann y Schubert, aunado al triste cuento del escritor danés, se teje una película que tras los primeros minutos se torna agradable y abre la duda sobre cuál será el destino del joven matrimonio en problemas.

Aspectos trágicos se tornan divertidos con las actuaciones de Walter Jakob y María Villar, quienes interpretan al matrimonio que protagoniza la película y buscan ideas para que la ópera cobre vida. Haciendo contraste a las pesadas narraciones españolas del cuento de Andersen, una fresca grabación realizada por María junto a su hija jugando a encender los fósforos, permite a Walter seguir trabajando con cordura. La historia no olvida su origen y por momentos las tomas parecen fragmentos propios de un making of de la ópera. El cuento de Andersen se expresa a través de la música, de grabaciones en acetatos, de lecturas de pentagramas y de libros animados. El trabajo de Moguillansky resulta osado durante todos los setenta minutos de duración.

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Los tintes de crítica política van de la mano de una huelga que menoscaba los progresos de los ensayos de la orquesta y de los diálogos intermitentes que discuten sobre la función del arte en la sociedad y su carácter burgués, en específico, la música de orquesta que en ocasiones navega sin obstáculos en las élites más adineradas que tienen los recursos económicos para producirla y para asistir a los lujosos recitales. No obstante, cuando es potente como obra de arte, se filtra de forma asombrosa por diversos medios para estar al alcance de todos y no distingue entre clases sociales; toca sin excepción cualquier corazón.

La magia que emana de las notas musicales, al igual que los brillos que iluminaron la sonrisa de la pequeña vendedora de fósforos, puede abrazar a cualquiera en sus momentos más afligidos y en los más felices. Con el cine sucede algo similar, y una película como La vendedora de fósforos, con una narrativa atrevida, música seductora -que va desde Schubert hasta Lachenmann y Ennio Morricone- y sobresalientes actuaciones, tiene los elementos para hacer pasar un buen rato a cualquiera.

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Título: La vendedora de fósforos
Director: Alejo Moguillansky
Año: 2017
Guión: Alejo Moguillansky
Fotografía: Inés Duacastella
Música: Helmut Lachenmann
País: Argentina

«Chilling Adventures of Sabrina». Una nueva serie sobre Sabrina Spellman.

Primera temporada

Basada en el cómic Chilling Adventures of Sabrina (2014), la nueva serie que tiene como protagonista a la hoy famosa bruja adolescente Sabrina Spellman, remite a la serie de 1996 Sabrina, the Teenage Witch (basada en el cómic homónimo de 1971) protagonizada por Melissa Joan Hart. Las comparaciones entre ambas series son casi inevitables, siendo que se basan en el mismo personaje ubicado en la misma época, justo cuando está a punto de cumplir dieciséis años.  Lo afortunado es su contraste narrativo y disímil atmósfera que envuelve a la joven bruja.

Abandonando la comedia de la serie de los noventa, la producción actual que se ha traducido como Las escalofriantes aventuras de Sabrina en España y El mundo oculto de Sabrina en Hispanoamérica, se esfuerza por mantener el antagonismo entre el lado humano y mágico de Sabrina, quien, a punto de cumplir dieciséis años, debe bautizarse como bruja firmando el libro de Satanás. Sus tías Hilda y Zelda, junto con el mismo Satanás, presionan a Sabrina para que firme el libro, pero el lado humano de la adolescente y su agradable vida junto a su novio mortal Harvey Kinkle, y sus amigas Roz Walker y Susie Putnam, la ponen en conflicto respecto a seguir la promesa que desde niña hizo a sus tías, deseando renunciar a los más amplios poderes como bruja para quedarse con las bellezas de la vida mortal.

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En su esfuerzo para obligar a firmar a Sabrina, Satanás tiene diversos aliados que se tornan ambivalentes con la protagonista. Su osadía y humanidad permiten a Sabrina rodearse de las personas indicadas para aprender a utilizar todos sus poderes; en su complicada vida escolar le sienta mejor la secundaria Baxter, teniendo que lidiar por otro lado, dentro de la Academia de Artes Oscuras, con tres malévolas brujas -Prudence, Agatha y Dorcas- que se divierten a costa del sufrimiento de los demás. Dentro del colegio para brujos, Nicholas Scratch se convierte en su admirador y aliado, posibilitando se esbocen algunos problemas dentro del plano romántico entre el brujo y el joven Harvey Kinkle.

La joven Sabrina a pesar de sólo ser mitad bruja, cuenta con habilidades extraordinarias para alguien de su edad, no obstante, su impulsividad adolescente y poca experiencia la llevan de un problema a otro, a pesar de los esfuerzos de sus tías y de su primo Ambrose Spellman por guiarla y protegerla. El célebre gato Salem, divertido bufón en los noventa, aparece en esta ocasión como un serio protector que cambia lo parlanchín por la seriedad de un gato que se muestra fiel a su acompañante.

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Diez episodios más un especial navideño forman la primera temporada de Chilling Adventures of Sabrina. La actriz Kiernan Shipka realiza un excelente trabajo junto a los demás integrantes del reparto. Con un ritmo enérgico, la serie combina el terror con el drama adolescente, siendo lo sobrenatural lo que sobresale en todos los episodios. El final, como sucede en todas las series que tendrán más temporadas -la segunda se estrenará en abril de 2019- da pie para que algunos acontecimientos de la primera temporada puedan seguir desarrollándose, manteniendo hábilmente el suspenso, pero sin dejar la sensación de que no concluye. La primera temporada es, en resumen, ágil y entretenida, un retorno de Sabrina Spellman, personaje que triunfó hace más de veinte años y que ahora pretende despertar menos risas y más escalofríos.

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Título: Chilling Adventures of Sabrina
Directores: Lee Toland Krieger, Ron Seidenglanz, Maggie Kiley, Rachel Talalay, Viet Nguyen, Craig William Macneill
Año: 2018
Guión: Cómic de Roberto Aguirre-Sacasa; Matthew Barry; Donna Thorland
Fotografía: Brendan Uegama, David Lanzenberg, Stephen Maier, Craig Powell
País: Estados Unidos de América

Reseña de la miniserie «Parfum». El perfume de Netflix.

El alemán Philipp Kadelbach es el encargado de dirigir la miniserie de Netflix basada en el reconocido libro El perfume (Das parfum) de Patrick Süskind. El proyecto de sólo seis episodios rinde homenaje a la novela y a su adaptación fílmica de 2006 Perfume: The Story of a Murderer, dirigida por Tom Tykwer. Philipp Kadelbach, con experiencia en dirigir series, realiza un gran trabajo superando lo logrado en la miniserie inglesa SS-GB (2016) y por momentos siguiendo el inquietante estilo de su película Auf kurze Distanz (Point Blank, 2016). El guión de Eva Kranenbug es un elemento importante para que el resultado final de la serie sea favorable.

Jean-Baptiste Grenouille, el memorable protagonista de la novela de 1985, es la inspiración para los crímenes que acontecen en la serie ambientada en un contexto actual, en donde un brutal asesinato pone los reflectores sobre cinco personajes que en la adolescencia convivían como grupo con la asesinada. Las sospechas de la policía están sobre todo el grupo cuya convivencia se ha fracturado con el paso de los años, algunos aun manteniendo una estrecha amistad, pero otros con irreversibles diferencias. Dentro del cuerpo de policía la detective Nadja Simon es quien toma protagonismo, dedicándose a buscar las pistas para resolver el crimen, encontrándose con el perturbador pasado de los sospechosos, mismo que se reconstruye episodio a episodio y lentamente revela la verdad sobre el asesinato. Sus aliados son el detective Matthias Köhler y el fiscal Grünberg.

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Junto al sobresaliente trabajo de la actriz Friederike Becht como la detective Simon, se destacan las atinadas participaciones de August Diehl (conocido a nivel mundial por su papel como el Major Hellstrom en Inglourious Basterds), quien interpreta magistralmente al hábil perfumista Moritz de Vries; Christian Friedel como Daniel Sluiter, apodado Zahnlos (sin dientes), un curioso personaje que asiste frecuentemente a sesiones psicológicas; Natalia Belitski y Ken Duken como Elena Seliger y Roman Seliger, un fracturado matrimonio derivado de los oscuros sucesos que el grupo vivió en la adolescencia; y Trystan Pütter como Thomas Butsche, un proxeneta con un sombrío secreto.

Presente y pasado se alternan en la narrativa. Mientras la policía encuentra pistas fundamentales y descubre algo nuevo sobre algunos de los personajes, los flashbacks van cada vez más atrás, mostrando motivos para que cualquiera pueda ser el asesino. El sentido del olfato es altamente remarcado, tanto como lo posibilita una adaptación sobre El perfume; no faltan las teorías sobre la relación entre olor y emociones, y las excéntricas lecturas que Moritz de Vries hace tras oler a sus entrevistadores, en específico a la detective Simon, permiten que, paralelamente a la resolución del asesinato, se desarrolle ampliamente el personaje de la detective Nadja Simon.

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Parfum es una serie que sabe mantener el misterio desde el primer episodio. Lejos de recrear la conocida historia de Jean-Baptiste Grenouille, toma su habilidad para elaborar perfumes a partir del aroma de las personas. En resumen, Parfum es una entretenida miniserie que atrapará a quienes tienen simpatía por los guiones que permiten al espectador especular sobre el asesino a la par que lo hacen los detectives; la novela de Süskind se traslada al siglo XXI en formato de miniserie con alta calidad.

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Título: Parfum
Director: Philipp Kadelbach
Año: 2018
Guión: Eva Kranenburg
Fotografía: Jakub Bejnarowicz
País: Alemania

Reseña del libro «El país de la canela», de William Ospina

El Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos ha distinguido desde la década de los sesenta a diversas obras que se han encumbrado como grandes de la literatura hispanohablante. Inició galardonando en 1967 La casa verde de Mario Vargas Llosa, la segunda novela premiada fue Cien años de soledad del colombiano Gabriel García Márquez en 1972, las ediciones de 1977 y 1982 reconocieron a las novelas mexicanas Terra nostra de Carlos Fuentes y Palinuro de México de Fernando del Paso; a partir de 1987 el premio venezolano comenzó a otorgarse cada dos años y no cada cinco como fue su formato inicial. En el 2009 la novela premiada fue El país de la canela del colombiano William Ospina.

La novela de Ospina es la segunda parte de una trilogía dedicada a la conquista del Amazonas en el s. XVI. La trilogía inició en el año 2005 con Ursúa, obra elogiada por Gabriel García Márquez, centrada en el conquistador Pedro de Ursúa, y culminó en el año 2012 con La serpiente sin ojos, novela que también tiene a Pedro de Ursúa como personaje representativo y que versa sobre la búsqueda de la tierra conocida como El Dorado. El país de la canela, ubicada entre ambas, se enfoca en el conquistador Gonzalo Pizarro y su encuentro con Francisco de Orellana en una cansada expedición en busca de la tierra mágica en donde se decía únicamente había árboles de canela, los suficientes para hacer ricos a sus descubridores.

William Ospina, nacido en Padua, Colombia en 1954, publicó su primera novela –Ursúa– en 2005, luego de muchos años de trabajo, su ardua labor como escritor de ensayos y poesía encontró el reconocimiento en 1982 del Premio Nacional de Ensayo, y en 1992 del Premio Nacional de Poesía del Instituto Colombiano de Cultura. Su segunda novela, El país de la canela, refleja el estilo poético de Ospina, redactada con una hábil prosa que mantiene el ágil ritmo que la expedición narrada precisa.

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La prosa poética que Ospina imprime a su novela se mezcla con acontecimientos históricos y otros más apegados a la ficción, en donde además de profundizar sobre los pensamientos de los personajes, dota de vida los territorios que los conquistadores pisan. La búsqueda del fantasioso país de la canela revela que el Amazonas y sus alrededores tienen vida. El conquistador Gonzalo Pizarro, históricamente reconocido por participar en la conquista de Perú y encabezar en 1544 la Gran Rebelión de Encomendados en contra de la Corona Española, es el encargado en la novela de encabezar el grupo que busca el idílico país de la canela.

William Ospina dota a su Gonzalo Pizarro de una actitud acorde a lo que se ha descrito en documentos sobre historia. Se sabe que la Gran Rebelión de Encomendados en la que participó, estaba en desacuerdo con la Corona Española porque era una época en la que las insistencias de Bartolomé de las Casas por proteger a los indígenas habían tenido eco. Como respuesta a las peticiones de Bartolomé de las Casas, se dictaron en 1542 las “Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por su Majestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios”; era la época del rey Carlos I de España y de Blasco Núñez como Virrey de Perú. Los decretos que protegían a los indígenas indignaron a Gonzalo Pizarro y sus simpatizantes, y este es el personaje que Ospina muestra, un hombre que mira con desprecio a los indígenas que rodean el Amazonas y no duda en ser severo con los hombres que forman parte de su propio grupo durante la expedición. Un Pizarro cuya ambición opaca su inteligencia, en busca de una tierra de fantasía cuya existencia nunca pone en duda.

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El colonizador español Francisco de Orellana es otro personaje destacado en la novela. El hombre al que ahora se le atribuye el descubrimiento del Amazonas, toma un rol importante cuando se une a la expedición comandada por Gonzalo Pizarro. Más audaz que Pizarro, es a través de Orellana y sus hombres que la novela encadena la valentía de los ambiciosos exploradores con la magia de una selva que tiene vida propia, que se muestra sumamente benevolente con sus tribus habitantes, pero hostil con sus invasores, cautivando a cualquiera más de lo que lo habría hecho el país de la canela.

Entretenida de inicio a fin, El país de la canela es una novela histórica que, con un ameno ritmo y una prosa de calidad, se ancla a fragmentos de la Conquista del Perú para situarse en un punto del pasado en donde dos personajes ahora reconocidos como descubridores del Río Amazonas -Gonzalo Pizarro y Francisco de Orella- iniciaron una quimérica expedición hacia el imaginario país de la canela, topándose con la realidad de una imponente selva decorando al monumental río.

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William Ospina